Lo Memorable

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RGB (79, 60, 46)

51°13'41.7"N 4°24'04.7"E

Hola, aquí estoy otra vez. Ahora nos vamos a Amberes y nos vamos al año 2007. Nos vamos… Era el segundo año que yo trabajé en el VEO. Viajaba mucho por festivales. Bueno, Amberes es uno de los que he visitaba cada año. El festival se llama Zomer van Antwerpen. Que quiere decir “el verano de Amberes”. Y la primera vez que fui allí, no se me facilitó un programa del festival en inglés, estaba sólo en neerlandés, y no entendía absolutamente nada, pero como tenía una serie de días y de horas pues fui a ver lo que había y punto. Y había una pieza que podía ir a ver a muchas horas del día y pensé bueno debe ser algo cortito que puedo ver, que puedo ver… eeeh. No muchas horas del día, perdón, sino que era algo gratuito, eeeh. Que podía ver todos los días, o sea, se hacía todos los días. Todos los días del festival, un festival de dos meses. Pensé, bueno, esto debe ser una pieza fácil de transportar, ¿no?, porque… debe ser… no sé porqué pensé en una actor con títeres o en una actriz con títeres. El espectáculo se titulaba Zonsondergang… que significa, luego os lo diré porque yo en ese momento no lo sabía. Pero, ahí está. La cuestión: llegué al lugar y al principio pensé que me había equivocado, porque allí no había nada. Sólo había la grada. No había ningún aparato de luces, ni ningún dispositivo y pensé: o me he equivocado, o esto es muy sencillo y no tiene ni dotación técnica, ¿no? Total que allí había otras personas en la grada, tomándose un té, o picando alguna cosita, había grupitos, había gente sola. Y allí me senté y, bueno, consulté mi libretita, las cositas, como esperando que empezara aquello, ¿no? Y entonces, bueno, alguien a mi lado que hablaba inglés, bueno, intenta compartir conmigo lo hermoso del espectáculo, ¿no? Lo bien que está el espectáculo. Y entonces, yo no entiendo lo que me quiere decir porque el espectáculo no ha empezado. Entonces, me explican que el espectáculo está en marcha desde hace unos diez minutos, que “zonsondergang” significa “atardecer” y que la pieza es la puesta de sol. La grada está orientada hacia el oeste al borde del río Schelde. La puesta de sol que sucede al otro lado del río, y más hacia el oeste es abrumadora, porque las puestas de sol en verano en Amberes son increíbles, enrojece todo el cielo. Y bueno, sorpresa. El festival había construído la grada y lo que facilitaba era el horario exacto de la puesta de sol cada día, que cada día es distinto, varía en algo más de un minuto y medio y de esto se trataba. Se trataba de ir a sentarse en esa grada a ver esa puesta de sol. Esta era la pieza. A día de hoy, lo acabo de consultar, el festival sigue en marcha, todavía está allí esa grada y todavía está programado este espectáculo. Y, ¿qué reflexionar sobre esto? Bueno, recuerdo lo que me costó después volver a entrar en una caja negra como espectadora. Lo que me costó. Lo veo como… me recuerdo resistente. Me recuerdo resistente. Bueno, es posible que esta fuera la primera performance, claramente performática que yo vi, programada como pieza. Creo que sobre todo la performatividad consistía en la sorpresa que me produjo, o se apoyaba en esa sorpresa. ¿Qué conseguía aquello? Bueno, conseguía poner en valor aquella puesta de sol, desde luego. Conseguía llevarla al terreno de: “lo que hay que ver” al terreno de “el lugar en el que hay que estar”. Sobre todo porque apelaba directamente a cualquier persona, desde luego, pero especialmente apelaba a las personas que somos espectadoras de teatro, en el sentido en el que marcaba en una agenda esa cita. Al mismo nivel, con la misma importancia que cualquier otra pieza del festival. Me hizo ver que hay muchas situaciones que se pueden entender desde lo performativo en la vida cotidiana de una ciudad. Porque esto no tiene nada que ver con la naturaleza, quiero decir, no hay nada nostálgico de una naturaleza primitiva viendo esa puesta de sol. Está muy claro que estas a orillas de un río por el que navegan buques mercantes, ¿sabes? no es que estés perdido en un lugar salvaje, ¿no? pero, sin embargo, esa situación provocaba una conexión diferente de cada persona que estábamos allí con ese hecho que seguramente por suceder cada día está tan banalizado. Esta era la importancia de la historia para mí absolutamente y era que fijar la atención y poner un marco y encuadrar esa puesta de sol diaria, esa situación banal, repetitiva y aparentemente siempre igual, sí me reconectaba con una relación natural de mi cuerpo con el medio. Natural en el sentido de que esa puesta de sol es también en cada una de nosotras un descenso de las energías, un descenso de la producción hormonal, el cuerpo se prepara cuando llega la noche para el sueño. Aunque en la sociedad en la que vivimos esto se ha roto por completo, pero con eso me reconectaba. Me reconectaba con la infancia en la que se hacía de noche y se iba una a dormir. Me reconectaba, por tanto, con un ciclo circadiano. Eso es lo que tan alejado está de la vida contemporánea, ¿no? No vivimos respecto del sol. No vivimos sobre la luz. También, porque la luz eléctrica ha venido a igualar todas las horas del día y lo que ponía de manifiesto esta pieza es que no todas las horas del día son igual. Es que no todas las puestas de sol son igual. Es que no cada día es igual. Y es que no somos todos iguales. ¡Joder! veinte años después, eeeh, Byung Chul Han publica El cansancio de la sociedad o La sociedad del cansancio, perdón, y ahí está el asunto de cómo hemos llegado a obviar nuestros ciclos naturales en medio de una sociedad que nunca se cansa, que nunca se apaga, que nunca se cierra. Entonces, esta pieza apelaba a recuperar esto, ¿no?, o, al menos, no digo lo de irse a dormir cuando se pone el sol. Pero sí la conciencia menos humana, en el sentido de menos civilizada o menos culta. La conciencia de ser vivo, la conciencia más animal. Eeeh, bueno sí, volví los cinco años siguientes al festival y casi todos los días iba a la grada. La grada y la puesta de sol para mí estaban muy conectadas en el sentido que ya no es lo mismo ver la puesta de sol en cualquier lugar, porque esa grada ponía un foco en ese lugar. En ese momento quiero decir. Y nunca, nunca, nunca he visto una pieza escénica en la que el tiempo jugara de una forma tan determinante. No es la palabra determinante. Bueno, jugara de una forma tan clara, creo que me entendéis. Todo dependía de eso. Aquello cambiaba a cada minuto que pasaba. Era porque pasaba un minuto que aquello cambiaba. Y el tiempo es el gran tema del mundo en el que vivimos o uno de los grandes temas del mundo en el que vivimos: tenerlo, perderlo, ganarlo. Como si fuera algo que no nos pertenece. Algo que no está en nosotros el tiempo. Como si fuera algo que puedes organizar en una agenda, ¿no?, cuadriculada. Y esa puesta de sol recordaba y conectaba con la idea de que eso es mentira, de que no es cierto esto y que no vivimos según la mejor manera posible de hacerlo, que nos hemos desconectado de las cosas más básicas de estar vivos. Pues ya está, ahí va la segunda.
Mariví M.
20230531